A MIS POETAS CON GANAS


En Sevilla, la ciudad de la Giralda, la de la Torre del Oro, a orillas de Wad-el-Kebir, el gran río, la ciudad que da nombre a sus calles y plazas con legión interminable de santos y santas para vanagloria de sus moradores. Aquella mañana tibia del otoño de 1948 marcó un hito en la vida de dos niños de cuatro años que vivieron el epílogo de una guerra fratricida, transcurrida una década atrás.
Eran los años cuarenta.
Primavera del cuarenta y tres
cuando las flores crecían
un niño ya empezaba a crecer.
Los niños de antes estábamos acostumbrados a no comer más chucherías que las que daba el campo.
Así, cuando aparecían los puestos de turrón, en víspera de feria, se nos ponían los ojos como platos al ver tantas golosinas. Sobre todo el turrón que vendían los trozos a peseta cada uno. En casi todas las calles había un puesto. Daba gusto ver aquellos cestillos llenos de garbanzos tostados y de avellanas, con aquellas medidas cuadradas de madera.
Los chupetes de caramelos, las garrapiñadas, que las hacían allí mismo, con un olor que inundaba las calles.
Cuando paseaba por la feria, las mujeres de los turroneros con sus delantales blancos y su cesta de mimbre al brazo, gritaban a la hora de la siesta:¡Niñaaaa!, ¡Garbanzos tostados, avellanas y turrón! Yo las sentía porque a esa hora los niños estábamos recogidos en casa.
Mi madre salía y nos compraba garbanzos tostados.
Con solo eso éramos todos felices.
Todo nos llamaba la atención porque en las tiendas siempre hubo chocolatinas, caramelos y de todo… Lo que no había eran manejos… vamos, dinero como del que hoy disponen los chiquillos con sus pagas semanales.
Por eso las chucherías eran las bellotas, las pipas, los piñones, los altramuces, las castañas, el paloduz, el palmito, la algarroba, los madroños, los higos chumbos, las moras blancas o negras…
Hasta las acacias nos comíamos.
Las chucherías de antes las daba la naturaleza aunque muchos hoy no se lo crean.
En fin, esta ha sido mi historieta.
Te ríes de los que te pagan la comida y la ropa. Tú dices que pringan porque trabajan.
Dicen los que te quieren que tu vandalismo es inofensivo, como disculpa a tus hazañas.
Mírate al espejo, profundiza en el interior de tu pupila dilatada. Puede que muy en el fondo descubras que tienes un alma. Agarra con fuerza papel y lápiz y desnuda tus pensamientos y plasma tus emociones con la palabra. Ayúdate, quedemos en http://lamolinada.blog.com/
