Thursday, March 29, 2007

A MIS POETAS CON GANAS

 
Se ha ido el tiempo,
se ha ido el tiempo, y se fue.
No quiero permanecer
olvidado en el recuerdo,
que jamás olvidaré.
El tiempo sin más es oro.
Transcurre rápido.
Si al final es hermoso, lo adoro.
Lento muy lento.
Si por el contrario,
va cargado de pena, lloro
y que no transcurre,
cuando queda grabado,
el horror que en la mente dejé.
Gracias a Dios todo se fue.
Otros, un día de clase,
un lápiz y una pizarra,
la clase no ha podido ser,
pues la madre le ha dicho,
“¡Hay hambre! Hay que ganarse el pan,
pan para comer.”
Y una y otra campana, o sea, que no fue.
La clase podía pasar sin ella,
pero sin pan nada entraba. 
La  “O”, tan redondita,
se convertía en una ” I” muy afilada.
Todo una guerra, una guerra cruel.
Es lo que nos dejó.
Matarse entre hermanos,
por decir quién era mejor.
Y sembrar una ignorancia
que, gracias a Dios,
hoy puedo corregir,
porque nunca es tarde para escribir.
Y cuando pase un tiempo pueda releer
lo que tiempo atrás pude escribir.
Valorar, jugar con la imaginación,
crear tus propios poemas, novelas,
todo es cuestión de tiempo y dedicación.
Un escritor, un poeta,
lo somos todos sin más.
Escribir a eso que uno quiere
y  tiempo a dedicar.
La belleza de la obra,
el tiempo lo dirá,
Cuando acumulando y recopilando,
se forme una obra sin más,
sin darse cuenta ,
un escritor, un poeta,
se acaba de formar.   
24-1-07
              
Posted by Blogs de l'Aula de Formació d'Adults de Pallejà at 14:14:35 | Permalink | Comments (2)

Monday, March 26, 2007

ENTRA COM UNA CENTELLA

Entra com una centella
a la sala de descans
i com si es mogués la terra
tot es mou d’ací i d’enllà.
S’omple tot de bonhomia
tot esclata en bon humor
i fins les menys eixerides
els hi bat alegre el cor.
Ella porta mil joguines
llaminadures també,
però és tanta sa tendresa
que un dia sense voler
son cor portarà a trossos
doncs pot fer això i molt més,
perquè és la dona més bona
que en el món mai hi hagué.
Fins i tot té nom de dama
que en l’època grega nasqué
i per això retro  homenatge
a la nostra Salomé.
Posted by Blogs de l'Aula de Formació d'Adults de Pallejà at 16:44:35 | Permalink | Comments (2)

Friday, March 23, 2007

25 ANIVERSARIO CORAL PAU CASALS

“Desde la ventana de un casucho viejo
abierta en verano, cerrada  en invierno
por vidrios verdosos y plomos espesos,
una salmantina  de rubio cabello
y ojos que parecen  pedazos de cielo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.”1
Pero de pronto la salmantina se vuelve andaluza
y el casucho viejo en un castillo bonito y esbelto.
Y esta andaluza ve todos los lunes
a chicas y chicos deprisa pasar,
con su director todos a ensayar.
                   
Y esta andaluza sabe ya
que todo este grupo es la coral Pau Casals
que su veinticinco aniversario van a celebrar.
Todos son muy guapos y muy educados
pues como a una reina  a mí me trataron.
Yo soy la andaluza mitad catalana
que durante catorce años con vosotros cantaba.
Mi felicitación sería veinticinco claveles rojos
por vuestro veinticinco aniversario,
y por catorce años que he cantado con vosotros
catorce claveles blancos.
Ofelia con mucho cariño quiere felicitaros.
Pallejà, 6 de julio de 2.002
1.  Texto extraído del “Seminarista de los ojos negros” de Miguel Ramos Carrión.
Posted by Blogs de l'Aula de Formació d'Adults de Pallejà at 16:37:22 | Permalink | Comments (5)

Monday, March 19, 2007

¡CANTA, MIGUELITO!

                   En Sevilla, la ciudad de la Giralda, la de la Torre del Oro, a orillas de Wad-el-Kebir, el gran río, la ciudad que da nombre a sus calles y plazas con legión interminable de santos y santas para vanagloria de sus moradores.  Aquella mañana tibia del otoño de 1948 marcó un hito en la vida de dos niños de cuatro años  que vivieron el epílogo de una guerra fratricida, transcurrida una década atrás.

               
  A  Miguel y a Francisco los llevaban aquel día cogidos de la mano
por las tortuosas calles de Sevilla, camino de un destino inimaginable para ambos.  Al uno lo llevaba su padre, al otro, su abuela, y, cuando después de un cansino deambular, los cuatro personajes confluían a las puertas del orfanato, punto final del recorrido, en el tiempo quedó aquella instantánea de los dos niños mirándose atónitos cara a cara.
                 ¿Por qué llora este niño? ¿Por qué tiene tanta pena?, se preguntaba Miguel; y cuando irguió la cabeza esperando de su padre alguna respuesta, éste ya había desaparecido frente a él permanecía Francisco, asido con firmeza a la mano de su abuela; dos turbios lagrimones temblaban en sus ojos. El dramatismo de aquella instantánea acabó cuando, de repente, el director de aquel centro siniestro, poniendo fin a la patética escena, conminaba a la abuela a marchar de allí, y con voz y ademanes hinchados de mandato, señalaba la puerta de salida a la afligida anciana, ante el desconsuelo del pequeño Francisco.
                 Una lenta salmodia de llantos y penas comenzaba para ambos niños a la edad de cuatro años. Cuando un niño dice que ya no  tiene amparo, ni besos ni caricias, quiere decir, que ya no tiene madre.  
                  Y  nada fue lo que debió ser a partir de entonces. Miguel y Francisco pasaron a ser fríos números en el tétrico organigrama del orfanato.  A  Miguel le asignaron el número 30 y a Francisco el número 51, pasando ambos a engrosar una larga lista de niños  expósitos, muchos de ellos hijos de padre importante, persona de orden, capitoste tal, gerifalte cual, personajes, en fin, todos adictos al Régimen, con adhesión inquebrantable. La ciudad, a extramuros,  quedaba sumida en su letargo sempiterno. Wad-el-Kebir, el padre río portador de amarguras, continuaba incansable su camino hacia el mar.                                                                                                            
                 Miguel no era hijo de algún capitoste adicto al bando vencedor, sino de un joven sargento, viudo y expulsado del Ejército por indisciplina castrense, según la jerga de militar.  Al verse sin trabajo, sin casa y sin pan para él y para su retoño,  decidió dejar a éste en el hospicio, anhelando en su corazón que quedase bien, al amparo de aquellas monjitas.
 
 
Y en esta situación de abandono y obligada renuncia quedó el pequeño, sin otra identidad que el  número 30,  y en su mente y en sus recuerdos tan solo quedó, como un vago recuerdo, una porción de canciones de cuna.
                                                                                         
                     ¡Canta, Miguelito! Con tu sonrisa triste… Esta noche habrá sopa de ajos.  Mañana, Dios dirá. Y las amorosas canciones que aprendiera de su madre se las cantaba ahora a otros niños desheredados como él, mal vestidos y mal calzados, que le escuchaban sorprendidos y ateridos de frío. Eran tiempos de pan duro, frío y sabañones; y en aquel gélido ambiente iniciaban todos la marcha imparable hacia la pubertad.
 
                      Fue a finales de los 50  cuando el poder represor de los vencedores decidió acerca del futuro de Miguel y Francisco, poniendo a los dos bajo la tutela de los sacerdotes salesianos, y éstos, fidelísimos garantes del perpetuo  adoctrinamiento en la “Formación del Espíritu Nacional” se encargaron, cumplidamente, de que así fuera.
  
                    Abundaba en el ambiente del nuevo orfanato el tufillo melifluo del fundamentalismo religioso. Las misas diarias, las novenas, los trisagios, los vía crucis e indulgencias, constituían las armas eficaces, con las que se pretendía mantener a raya la naciente concupiscencia de los jóvenes. Paradójicamente, éstos, a menudo tenían que evadirse ante los avances lascivos de algún mal ungido sacerdote. Y que nadie se permitiera ningún devaneo mental que lo apartase del férreo y sectario dogmatismo. Si alguno anteponía la razón a la fe, quedaba irremisiblemente condenado al ostracismo y al averno. Lo dijo Goebbels: “Una falsedad repetida miles de veces, acaba convirtiéndose en una verdad”. La contundente sentencia del siniestro personaje, ya la habían aprehendido y hecho suya los salesianos desde hacía largo tiempo.
 
                    Miguel y Francisco, que no comulgaban ni en misa ni con determinados postulados, fueron señalados por ello, desdeñosamente, con los apodos de El Solitario y El Resentido, respectivamente. La vena  sádica de algunos curas se manifestaba con frecuencia, recordando a los internos que debían su manutención a la caridad pública.  Maestros, como eran, hurgando en viejas heridas,  solían divertirse preguntando a alguno  sobre el paradero de su padre.  Ante el duelo, la pena y el derrumbe  anímico de la víctima, ellos reían,  y reían muy  alegres y contentos.
 
 
                   La libertad, como bien dijo Cervantes, es el bien más preciado.  Para Miguel, muy  principalmente, lo era la libertad de pensamiento. Por ello,
dentro de su ínfima parcela de libertad, pensó lo que quiso pensar e hizo lo que pudo hacer. No llegó a ser un buen  monaguillo. Eludiendo, siempre que podía, ayudar a decir misa, durante el cansino transcurrir de las ceremonias religiosas, transformaba en su mente la negra realidad con las fantasías propias de su juventud. Leía a escondidas todos los libros prohibidos que caían en sus manos. Y un día, hallándose enfrascado en la lectura de una novela del escritor francés Guy de Maupassant, proscrito y repudiado, como tantos otros, de repente, sintió sobre su cuerpo una lluvia de golpes que lo dejaron seriamente magullado;  al volverse, maltrecho y atónito, vio a un sujeto de negra sotana, que junto a él,  mascullaba, iracundo, terribles anatemas. Como un Torquemada redivivo, aquel ser colérico, carente de escrúpulos, ahogaba en su rabia la piedad bendita.”Dies irae, dies illa”….”De profundis clamavi  ad te Domine “….
                                                 
                    Miguel, con el alma y el cuerpo lacerados, escaló como pudo la tapia de aquel centro siniestro y, renqueante, aquel mismo día escogió la libertad. Se sentía lo suficientemente fuerte como para enfrentarse a la vida, con sus diecisiete años floridos. Aquel sacerdote, estrábico y retaco, era para él un alfeñique. Podría haberlo hartado de mojicones.  Derribarlo, incluso,  de un coscorrón.
 
                   Para entonces, los dioses felices, a los que a veces el dolor humano a piedad les mueve, ya habían decidido el futuro de sus dos hijos. Francisco, aquel pequeño desamparado a las puertas del Orfanato, con un turbión de lágrimas velando sus ojos, se había convertido en un animoso joven que, siguiendo el dictado de su corazón generoso, plantaba cara a la vida con gran valentía; y el benéfico Hermes dotó al muchacho de una agilidad mental y una inteligencia tales que, en pocos años, Francisco terminaba brillantemente la carrera de ingeniero, figurando con su nombre y apellidos en el BOE., tal como era preceptivo y de ley en aquellos años.
                 El Resentido, ahora miraba a los salesianos con meditada insolencia. Brillaba en sus ojos la inteligencia con insultante altivez, y sin la menor simpatía hacia ellos. Ahí estaba él,  Francisco, el agnóstico, el magnífico ingeniero…¿No era éste tan solo uno más de la cosecha de niños no deseados que en la posguerra parió aquella España doliente? 
 
 
                                Como produce estancamiento insano
                                si es duradera la apacible calma,
                                amo la tempestad embravecida, 
                                que esparce los efluvios de la vida,
                                al romper en los cielos y en el alma.
 
                      Y Francisco, para alivio de sus tutores, un buen día decidió emigrar a Sudamérica; a la lejana Argentina, la región de los gauchos, los buenos jinetes.  Allá, en lo ignoto, se perdió su huella. Pero el tiempo iba a demostrar que  el vínculo  de la amistad, como un  puente que une a las almas, no iba a romperse con Miguel, su compañero de infortunio.
                                                                                                           
                      Este, por su parte, había conseguido realizar parte de sus sueños, en dura lucha con la vida. Después de tanto tiempo, había recuperado el concepto, ya olvidado, de un hogar y una familia; había aprendido a distinguir del amor profano al amor verdadero. Sabía ya leer en el corazón de los hombres. Miguel, como ya dijera Neruda, confesaba haber vivido, había vivido y también había aprendido.  El mundo es “ansí” proclamaba con terrible rotundidad el vasco Pío Baroja: todo es crueldad, injusticia, dolor….
El mundo es así…  Sin embargo, ahora instalado en la permanente dulzura de
vivir en paz, Miguel estaba convencido de que aún habría esperanza para los seres humanos. Los hombres, según Maquiavelo, obran el mal, a menos que la necesidad los obligue a obrar el  bien.  Si esto es así, meditaba él, la Humanidad podrá sobrevivir; aunque deba coexistir con el miedo como compañero inseparable.
 
También era consciente de que, a sus 60 años, se iniciaba lenta e inexorable, la marcha hacia atrás que, como a todos los seres, debería conducirlo hacia un destino que ni temía ni deseaba. Aceptaba,  pues, y aguardaría sereno, lo que para él hubieran decretado el Destino y las Parcas.   
                      Había  retomado, al fin, la lectura de “El Collar”, aquella novela
del proscrito Guy de Maupassant,  y pudo comprobar con indignación que, en su contenido, nada había que atentase contra la moral y las buenas costumbres; ni siquiera las de aquella época, y  muchísimo menos, que justificase la agresión de la que fue objeto por parte de aquel demente.
                      Un día, hallándose enfrascado en la lectura, recibió una llamada telefónica que lo dejó algo perplejo. Al otro lado de la línea se oyó una voz, vagamente conocida.  Aquella voz tenía un marcado acento argentino:
 
 
          -  Che, ¡Miguelito!  Soy Francisco Ballesteros. Ya estoy de vuelta.
           - ¡El número 51!  exclamó Miguel, sorprendido.
           -  Y tú, el número 30, rió Francisco, con emoción contenida.
              Me pasé 40 años en la Argentina. Allí  conocí a Rosario, con
              la que me casé, a los 50 años. Tenemos cuatro hijos…. Che, Miguelito,
              la libido se me despertó demasiado  tarde…..
 
             
 
         -  Pues a mí se me despertó antes de tiempo.  Creo que ya
              nací presentando armas…..
           
          -  ¿Aún recuerdas las canciones  de tu madre?
 
          -  Las  recuerdo todas, como la recuerdo a ella. Murió cuando yo
              tenía tres años. No pude llevarle flores.
 
          -  ¿Por qué llorabas  aquel día, cogido de la mano de tu abuela?
              Porque era consciente de que me iban a encerrar.
 
          -   Todo fue como un cólico miserere, ¿no?                                                                                                     
                                      Miserere mei Domine……
 
                                           POST SCRIPTUM 
 
                                        Miguel Ramos, el número 30  de tiempos atrás, es consciente, asume y da por hecho, que el estrábico Torquemada,  verdugo e inquisidor, jamás rendirá cuentas ante la Sociedad, por sus muchas bellaquerías. Las cometió en un tiempo en el que el país padecía de algo tan maligno y devastador como una dictadura.
                                       Francisco Ballesteros, el número 51, regresó a España, triunfador, a la edad de 60 años. Con él vino  Rosario, su mujer, excelente y jovencísima, más cuatro hijos, como soles, que tuvieron en la Argentina:
 
                                     Jesús de María, 10 años,
                                     Francisco de Jesús, 9 años,
                                     Ariel de María, 7 años,
                                     Fátima de los Ángeles, 4 años.
 
                                                            ¡Todo un regalo de los dioses!
 
                                  
 
 
                               
Posted by Blogs de l'Aula de Formació d'Adults de Pallejà at 19:16:14 | Permalink | Comments (1) »

Thursday, March 15, 2007

22 de abril del 1956

 
Eran los años cuarenta.
Primavera del cuarenta y tres
cuando las flores crecían
un niño ya empezaba a crecer.    
Bajo el cielo de Andalucía,
en la provincia de Granada,
un niño vino a nacer  
el jueves de Semana Santa.
 
Y por ser un jueves santo,
que en toda España celebran,
a su madre le dio un buen día,
no pudo servir la mesa.
 
Era un veintidós de abril
del año cuarenta y tres,
un pequeño Remolinos
acababa de nacer.
 
Aquello de los remolinos
aún los siguió teniendo
en la mitad de su cara
pero también en su cabello.   
 
Como vino a los diez años
se pusieron tan contentos
sus padres y sus hermanos 
lo colmaban con sus besos.
 
Así pasó aquella década,
pero este niño crecía,
como era el más pequeño
de todos tenía caricias.
 
Dicen que era un bebé
de los que llenan la Tierra.
Su cabello de remolinos
adornaban su cabeza.
Pasando el cuarenta y cinco,
que era el año del hambre,
y apenas se daba cuenta,
lo qué pasaban sus padres.
 
Tan mal  estaba la vida
que no había pan ni aceite.
Y aquellos que lo tenían
se sentían como reyes.
 
La madre de este pequeño
que con apuros compró
un litro aceite de oliva,
el mismo que él derramó.
 
Echándolo en un librillo
que contenía salvado,
comida para los bichos
sin poder aprovecharlo.
 
La madre de Remolinos
al ver que era travieso
le perdonó la primera
y le daba algunos besos.
 
Pero al paso de los días
que este niño iba creciendo
ya corría por las calles,
también era mas travieso.
 
Y empezaba a preocupar
a todos los labradores
porque se comía las lechugas
y le estropeaba las coles.
 
Remolinos cuando niño
como era tan travieso
siempre iba haciendo daño
por los campos y los huertos.
 
Los vecinos de la aldea,
siempre que les hacían algo,
siempre le echaban la culpa
y tenía que pagarlo.
 
Unas veces sí sería él
Otras veces sería el diablo.
Siendo el niño de la aldea
y tenía que pagarlo.
 
Y así termina la historia
del Remolinos travieso.
El menor de los hermanos
al que todos daban besos.
 
Fue escrito el uno del ocho
de mil novecientos 
cincuenta y seis
 
El Remolinos/ 1956 
 
    
                         

   

Posted by Blogs de l'Aula de Formació d'Adults de Pallejà at 16:42:57 | Permalink | Comments (8)

Monday, March 12, 2007

LA VENTANA DEL COLEGIO

 

Me siento en el pupitre y miro por la ventana.
Veo un árbol y no sé cómo se llama,
y siempre pienso en lo mismo,
qué clase de árbol es este que miro.
Cuando baje lo miraré,
y cuando bajé me olvidé.
Así, días y días
y le hice  una foto
que solo se le ve el tronco
y cuando bajé le hice otra.
Es un árbol precioso.
Pino se llama.
Ese es el pino
que yo miro por la ventana.
Mide más o menos 15 metros,
de gordo tiene más de dos brazadas,
es el pino más grande
que hay en La Molinada.
Yo no me cambio de pupitre
porque quiero mirar por la ventana
y seguir viendo el árbol
que hay en La Molinada.
Pues los árboles de La Molinada
son mayores de edad,
como las  señora que vamos
a la escuela de adultos a estudiar.
Posted by Blogs de l'Aula de Formació d'Adults de Pallejà at 17:29:55 | Permalink | Comments (16)

Thursday, March 8, 2007

¡ NIÑAAA! ¡AVELLANA Y TURRÓN!

 

 

 

 

Los niños de antes estábamos acostumbrados a no comer más chucherías que las que daba el campo.

Así, cuando aparecían los puestos de turrón, en víspera de feria, se nos ponían los ojos como platos al ver tantas golosinas. Sobre todo el turrón que vendían los trozos a peseta cada uno. En casi todas las calles había un puesto. Daba gusto ver aquellos cestillos llenos de garbanzos tostados y de avellanas, con aquellas medidas cuadradas de madera.

Los chupetes de caramelos, las garrapiñadas, que las hacían allí mismo, con un olor que inundaba las calles.

Cuando paseaba por la feria, las mujeres de los turroneros con sus delantales blancos y su cesta de mimbre al brazo, gritaban a la hora de la siesta:¡Niñaaaa!, ¡Garbanzos tostados, avellanas y turrón! Yo las sentía porque a esa hora los niños estábamos recogidos en casa.

Mi madre salía y nos compraba garbanzos tostados.

Con solo eso éramos todos felices.

Todo nos llamaba la atención porque en las tiendas siempre hubo chocolatinas, caramelos y de todo… Lo que no había eran manejos… vamos, dinero como del que hoy disponen los  chiquillos con sus pagas semanales.

Por eso las chucherías eran las bellotas, las pipas, los piñones, los altramuces, las castañas, el paloduz, el palmito, la algarroba, los madroños, los higos chumbos, las moras blancas o negras…

Hasta las acacias nos comíamos.

Las chucherías de antes las daba la naturaleza aunque muchos hoy no se lo crean.

 

En fin, esta ha sido mi historieta.

Posted by Blogs de l'Aula de Formació d'Adults de Pallejà at 15:51:54 | Permalink | Comments (8)

Monday, March 5, 2007

TÚ, GOLFO

  Tú, pequeño ratero de CD’s, destructor de papeleras, extorsionista del top manta que impides pasar a los ancianos por las aceras, esperando que los coleguis te rían la gracia, que aprovechas el rotula para escribir en el transporte público obscenidades y patrañas.

Te ríes de los que te pagan la comida y la ropa. Tú dices que pringan porque trabajan. 

Dicen los que te quieren que tu vandalismo es inofensivo, como disculpa a tus hazañas.

Mírate al espejo, profundiza en el interior de tu pupila dilatada. Puede que muy en el fondo descubras que tienes un alma. Agarra con fuerza papel y lápiz y desnuda tus pensamientos y plasma tus emociones con la palabra. Ayúdate, quedemos en http://lamolinada.blog.com/

Posted by Blogs de l'Aula de Formació d'Adults de Pallejà at 15:59:11 | Permalink | Comments (2)

Thursday, March 1, 2007

LA NOSTRA CAMBRA

La millor sort a la vida
és gaudir de companyia,
sempre que sigui amorosa
i comparteixi amb tu cada dia.
Explicaré la nostra cambra,
que per mi és la millor.
Senzilla, sense catifes,
perquè hi tenim prou calor.
Si està clar i fa un bon sol,
és alegre, acollidora,
mes, si està ennuvolat,
la calefacció hi funciona.
Hi tenim un llit de làmines
i un matalàs que s’inflava,
uns coixins de dues mides
per si tens dolor a l’espatlla.
Un armari dins de la paret,
que conjunta amb la capçalera,
i dues tauletes de nit
tot d’un color cirera.
Una butaca i un puf
per seure i guardar la roba;
els pijames, la  camisola,
i a la nit hi deixem a sobre
tot el que ens traiem de sobre.
Una finestra ben gran
que des d’ella veig les roses
i sobretot a l’estiu
es senten bones aromes.
A sobre la meva tauleta
hi tinc una ràdio rellotge,
un joier i una safata,
per a l’audiòfon i les petites joies.
A l’altre tauleta hi ha un gerro
molt bonic que fa espiral.
Hi ha flors seques oloroses,
un calçador, les ulleres
i un petit recipient
per a gotes i punyetetes.
A un costat de la paret,
hi  presideix Jesús a la Creu.
Fou un regal de la nostra boda
i sempre el conservarem.
A sobre la capçalera
hi ha un quadre d’una dama jove.
A mi m’inspira bonesa
i té la cara encantadora.
És elegant i es veu culta
amb un gran llibre a les mans
i amb mirada de tendresa.
Els colors de la pintura
són d’una extrema bellesa.
El cobrellit i els coixins
són d’un color beix clar,
l’adornen unes tulipes
que li fan un bon contrast.
I em descuidava el llum,
que es composa d’un aplic
d’un color blanc matisat,
que il·lumina els tres costats.
El millor de la nostra cambra
són les abraçades i els petons,
tot donant gràcies al Pare
abans que ens vingui el son.
Pallejà, 10 de novembre de 2006
Posted by Blogs de l'Aula de Formació d'Adults de Pallejà at 17:01:15 | Permalink | Comments (2)