Wednesday, January 30, 2008

LA SANDÍA

 

 

Un mediodía de julio la encontré en el riachuelo de las Rovires, sola y abandonada.

Mi boca estaba seca como la suela de una alpargata y mi piel deshidratada, por la caminata.

Su cuerpo fresco y sus curvas redondas, me dejaron ensimismado y empecé a babear como un perro de raza.

Saqué la navajuela, cuya utilidad era cortar los espárragos que ni por casualidad encontraba. Excitado miré a todos lados y, sin preámbulo, le asesté  el primer tajo, su boca se abrió fresca y roja, tan tentadora.

Fue un momento sublime, incitándome al desenfreno de con ella saciar mi necesidad y mi aglutinada ansiedad.

Corté por aquí y por allá. Su rojo y jugoso corazón lo dejé para el final.

No he pagado por ti y, como me pillen se va a liar.

No importa, porque lo que yo he gozado hoy en la vida no lo voy a olvidar, estoy tan satisfecho e inflado que no puedo ni andar.

He guardado cuidadosamente tus pepitas con todo el respeto y humildad.

Con buen abono en mi jardín las voy a sembrar, las voy a regar y cuidar.

Cuando tenga fruto la llevaré a bañar, al arroyo de la Rovira  esperando con ilusión que algún sudoroso andante, la pueda encontrar y disfrutar.

Y visualice el propósito como un acto sagaz de caridad.

Gracias al pas que la sandía a refrescar dejó, quizás sin querer organizó la cadena de disfrute y redención.

Gracias primera gozosa sandía. Mis hijos amigos y nietos oirán hablar de ti y de este memorable día.                

Posted by Blogs de l'Aula de Formació d'Adults de Pallejà at 09:04:04 | Permalink | Comments (1) »

Friday, January 25, 2008

ORAR PARA NO DESFALLECER

   

Agradecida estoy con la oración del Padre Nuestro. Desde hace algún tiempo siento escalofrío meditando el contenido. Pienso más en lo que se pide en esta oración tan sencilla.  Hoy la quiero desgranar poco a poco y descubro todo lo que se encierra.  Creo que me hace estremecer. Quizás no puse mucha atención, pero sí tengo claro que, con humildad y confianza, Dios quiere y puede concedernos lo que pedimos.

  1. PADRE NUESTRO

  ¡Padre! Palabra consoladora que connota intimidad y confianza.  No decimos Padre mío, porque todos somos hijos, por lo cual tenemos que mirarnos y amarnos como hermanos.

  2. QUE ESTÁ EN EL CIELO

¡Sí! Para alzar nuestra mente y nuestro corazón hacia un lugar, donde encontremos vida plena. Su Gloria será nuestra paz y felicidad.

  3. SANTIFICADO SEA TU NOMBRE

Glorificarlo siempre dentro y fuera de la Iglesia, en cualquier lugar del mundo, para que lo conozcan y todos sepan la grandeza de su misericordia.

  4. VENGA A NOSOTROS SU REINO

¡Claro! Cuando no hagamos uso de la violencia y sepamos compartir todo, entonces gozaremos de su Gracia en esta vida y de su Gloria en la otra.

  5. HÁGASE TU VOLUNTAD EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO

¡Sí! Que la voluntad del hombre no contradiga a Dios. No hagamos las cosas como nos guste, sino como Dios quiere, dando la mano al otro y no queriendo estar por encima.

6. DANOS HOY NUESTRO PAN DE CADA DÍA

La palabra “pan” significa todo lo necesario para el alma y el cuerpo.  En la vida necesitamos trabajo, agua, un techo, una mano amiga, todo esto nos dará “pan”.

7. PERDONA NUESTRAS OFENSAS COMO NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN.

 Todos cometemos ofensas, por esto pedimos perdón.  Ofendemos a Dios si no atendemos su palabra, no indagamos cuál es su voluntad, ofendemos a nuestro prójimo y cuando no compartimos ni convivimos unos con otros.

 8. NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN

El pecado está. No debemos consentirlo, sepamos aprovechar las fuerzas que Dios nos proporciona para superar la tentación y permanecer firmes y unidos. Con fe venceremos al mal.

 9. LIBRANOS DEL MAL

Cuando suplicamos “líbranos del mal”, estamos presentando todas las desgracias del mundo, en las que sin implicarnos, nos vemos afectados.  Como cristianos creemos en el maligno, enemigo que quiere apartarnos del camino que conduce a la vida.

10. AMÉN

Si decimos “amén” es como decir “estamos de acuerdo”.

Después de esta meditación quiero tener presente que sufrir injusticias tiene mayor premio que cometerlas.

Posted by Blogs de l'Aula de Formació d'Adults de Pallejà at 16:29:31 | Permalink | Comments (5)

Wednesday, January 23, 2008

A ESA JOVEN ANÓNIMA

 

                                 
Mi mente va a un día,
que en la playa me encontré,
podía calificar de uno a diez,
el cuerpo hermoso de una mujer.
  Ese día iba inspirado,
con mi toalla y bañador
en una tarde de agosto,
en una playa pequeña y tranquila,
allí ella apareció, tal preciado bombón.
 Tal vez nadie se daba cuenta,
era anónima escultural,
no era portada de revista,
eran veinte o veintidós años,
yo le di un diez.
Algo fuera de lo normal.
Era mi musa, mi inspiración,
era mi póster de colección,
mi letra de canción,
era quien escribía por mí
en pobre  imaginación.
La vi en el agua, mojada, ceñida,
levemente azotada por el mar.
Su cuerpo diez sabía ir mar  adentro,
deslizándose como sirena  que el mar
quiere acariciar.
¿Cómo se llamaría mi musa? No importa,
si en mi mente ahí está
¿Tendría los ojos azul claros?, verdes oscuros,
grises que deslumbrarán,
plasmaba en mi interior ese póster tan divino
de mi revista virtual.
La tenía a mi lado,
casi la podía tocar.
No era papel de revista,
con miles de retoques
para vender engaño sin más.
De fondo pude escuchar
una hermosa balada
que junto con los rayos de sol,
su cuerpo escultural bronceado,
el paisaje, a cualquier cegaba.
Pobre invidente que se priva de ver
a tal monumento finamente labrado
que el propio Gaudí no conseguiría
aunque estuviese muy concentrado.
No transcurras tarde hermosa,
tarde vacacional,
decía en mi interior,
qué se pare  el tiempo,
qué no avance el reloj,
cuanto más pronto, mejor.
Deléitame  cada día con esta tarde,
con esta imagen  tan normal.
La tienes en cada rincón
si te gusta contemplar, en cada playa,
al ver a esa joven anónima
en una tarde estival. 
21-8-07
Posted by Blogs de l'Aula de Formació d'Adults de Pallejà at 14:17:14 | Permalink | Comments (2)

Thursday, January 17, 2008

P À T R I A

    

País de cims, de mar i de muntanyes,
de bells conreus i formoses fondalades,
de vinyes netes que resen benaurances
xuclant la vida que hi ha en ses entranyes.
 
Pugen a un cim. Claven els peus a terra
i els ulls lliscant per tot l’espai d’entorn,
criden al cel i amb veu de trèmol ploren,
què se n’han fet d’aquells que ja no hi són?
 
No els veiem pas. Són l’aire que ens alena
i ens omple el cor de força i de braó.
 
No els veu ningú. Són l’aire, són la terra
i som nosaltres que els portem en el cor.
Junts preguem per ells i per nosaltres
i en vida o sense ens unirà l’amor.
 
Posted by Blogs de l'Aula de Formació d'Adults de Pallejà at 17:22:58 | Permalink | Comments (2)

Tuesday, January 15, 2008

RECUERDOS DE LA INFANCIA

                          

Yo nací cinco años después de que finalizara la guerra civil en España. El país estaba en bancarrota y había sido excluido  del Plan Marshall. Corrían malos tiempos para grandes y pequeños. A todos por igual nos alcanzaba aquella época de privaciones y de carestía.
Pero los niños de mi generación, a los que nos tocó en suerte vivir en aquella época, éramos felices a nuestra manera. Echando mano de nuestra imaginación, suplimos la falta de juguetes con que entretenernos, inventándonos juegos a cuales  más inverosímiles. Y así, en aquel centro de acogida, donde nos encontrábamos recluidos muchos como yo, a falta de juguetes, lo habitual era ocupar nuestro tiempo persiguiendo gatos, machacando  moscas y hormigas o destripando atónitas lagartijas. En nuestra imaginación, gatos, ratas e insectos eran como la hueste demoníaca. Todo bicho viviente que se moviera se convertía en objetivo sobre el que descargar un puntapié o aplastar bajo nuestras  sandalias, de modo inmisericorde. Éramos, en nuestra imaginación, feroces guerreros y teníamos a  nuestro enemigo en aquella fauna: ratas, ratones, moscas y avispas. Ella era la hueste infernal a la que había que eliminar. Con regularidad, cuando estábamos en clase, el celador se presentaba, ratonera en mano, solicitando voluntarios para ajusticiar la prisionera que llevaba. Aquello constituía todo un acontecimiento. La seráfica monjita que impartía  la clase, ante ese evento irresistible para nosotros, daba su bendición y su consentimiento para que partiésemos a la cruzada. Después, el celador depositaba la ratonera en el centro del patio y  nos colocaba alrededor de la jaula-trampa  gritando  como un general en medio del fragor de la batalla: “¡¡ Mantened la posición!! Qué nadie de un solo paso antes de que la suelte!”  La ejecución no solía durar más de un minuto. Se abría la puerta de la ratonera y como una exhalación salía Ratatuille buscando una vía de escape; vano empeño el suyo; Alea iacta est… La suerte estaba  echada. Y Ratatuille, como de costumbre, en medio de un bosque de piernas infantiles,  perecía de inmediato, pateada en las filas primeras.
Pero todo eso pasó con el tiempo. Al fin, años más tarde, llegaron los yankees, con sus cargamentos de leche en polvo y sus quesos. Y con el tiempo, los niños al fin pudimos también disponer de balones de goma para jugar al fútbol. Cierto que los terribles balonazos recibidos de aquellas pelotas de goma, marca La Gaviota, dolían a rabiar. Pero pese a ello, era un placer patear aquel esférico de goma en lugar de darle un puntapié a una piedra  o a cualquier bicho viviente.
Hoy en día, recordando aquella etapa de nuestra niñez, los amigos de la época, con los  que sigo manteniendo contacto, recordamos, con asombro, las cosas con las que nos entreteníamos, y estamos muy de acuerdo en que los jóvenes de hoy, lo tienen casi todo, y no tienen la menor idea de las vivencias de sus padres y abuelos, que fueron niños también y que se conformaron con tan poco.
Posted by Blogs de l'Aula de Formació d'Adults de Pallejà at 18:48:58 | Permalink | Comments (1) »

Friday, January 11, 2008

HUBO UN CAMBIO EN MI VIDA

 


El 17 de febrero 1957 fue un día inolvidable. Hacía un día bastante frío. A las diez de la mañana, mi entonces novio y yo, nos dirigimos hacia la Iglesia  parroquial de Velez Blanco provincia de Almería, vestidos con lo mejor que teníamos y acompañados de toda nuestra familia y padrinos. Don Gonzalo, el cura mayor del pueblo, nos casó. Fue una fiesta bonita pero muy sencilla.
A la semana siguiente nos vinimos a San Andrés de la  Barca.
Fue un largo y pesado viaje. Yo pensaba que no llegábamos nunca. Nos instalamos en una pensión con derecho a cocina. Al principio fue muy duro pues desconocíamos, entre otras cosas, el idioma, las costumbres, sobre todo yo. Mi marido había estado antes aquí, un año trabajando, y él tenía una pequeña idea de las costumbres y del idioma, pero yo no sabía nada. La dueña de la pensión era gallega y medio catalana.  Al principio       lo pasé muy mal pero conforme fueron pasando los días las cosas fueron mejorando en todo.
A los dos meses de estar en la pensión encontramos una casa para nosotros solos. La casa estaba en la carretera, en el número 81. Era bastante vieja pero a nosotros se nos antojaba la más bonita del mundo. Tenía dos plantas, en la primera tenía una entrada, una puerta de cristales, el comedor, la cocina, un pasillo, el patio, y, en la segunda planta, tres dormitorios.   
Vivimos seis años muy a gusto. Me despido con un buen recuerdo y expongo con este texto una foto que estamos mi marido  y yo junto a nuestro  hijo que  nació  cuando  vivíamos en dicha casa.                         
                  5/ 10 /2007
Posted by Blogs de l'Aula de Formació d'Adults de Pallejà at 18:24:45 | Permalink | Comments (1) »

Tuesday, January 8, 2008

RECUERDO DE MI PADRE DE LA MILI Y LA GUERRA DE MARRUECOS

 



 

El día once de agosto
del corriente veinticuatro
vino un telegrama a Soria
que fuéramos licenciados.
 
Sargentos y suboficiales
se reúnen en el cuartel
para tomar la residencia
de orden del coronel.    
 
El diecisiete por la tarde
vino un parte a mayoría
que organice un batallón
que marchara a morería.
 
Tal desengaño sufrimos
al enterarnos del parte
que había soldado,
y no es cuento, 
que maldecía su suerte.
 
El día dieciocho a las doce
por un toque de corneta
formamos en el batallón
con todo el equipo a cuestas.
 
Preparados para salir
y al punto de atención
el coronel en voz alta
mandó firme al batallón.
 
Y nos decía, “Soldados,
os ofrezco mi talento
confío en que seguiréis
la historia del regimiento”.
 
Los sargentos y oficiales
clamaban al alto cielo,
“Para que Dios nos ayude
en la campaña de Maruecos”.
 
Con el corazón herido
y los nervios agitados
demostrábamos fiereza
como valientes soldados.
 
Desfilando por la calle,
como está prohibido hablar,
nos decíamos unos a otros,
“Valor y tranquilidad,
que Dios irá con nosotros
y la Virgen del Pilar”.
 
Contentos y emocionados
llegamos a la estación
porque íbamos a defender
a nuestra propia nación.
 
Desembarcamos en Cádiz
a la una de la mañana
y enseguida desfilamos
al cuartel de Santa Ana.
 
Allí estuvimos tres días
aguardando embarcación
hasta que vino el A Isleño
que era nuestro vapor.
 
Por fin llegamos al puerto
a embarcar en el A Isleño
y todos alegres cantamos
el himno del regimiento.
 
Todos contentos y ufanos
principiamos a embarcar
sin temer a los peligros
de la fiereza del mar.
 
Al tiempo de salir el barco
se oyeron dos granadinas
que tocaron las cornetas
en señal de despedida.
 
Hombres, mujeres y niños
todos con pena lloraban
y nos decían, “Pobres soldados,
cuando volveréis a España”.
 
El mar estaba sereno
y la marea muy baja
y el A Isleño en altos mares
con violencia navegaba.
 
Y por la falta de costumbre
de navegar en el charco
sin haber bebido vino
íbamos todos borrachos.
 
A las dos de la mañana 
el A Isleño echó el ancla
y se le oyó al capitán,
“Está muy buena la barra”.
 
Asomó un remolcador
seguido de una barcaza
para sacarnos a tierra
que ha de ser la nueva patria.
 
Enseguida que salimos
nos forman y el general
pasó revista a la fuerza
que acabó de desembarcar.
 
Y nos decía, “Soldados,
cada vez que entréis en fuego
oísteis de centinela,
no olvidaréis el juramento
que prestáis a la bandera”.
 
Nos llevaron a la Cruz Roja
y allí tomamos el rancho
y descansamos un poco
antes de marchar al campo.

 

Nos forman y al desfilar
nos echan la bendición                             
para que tengamos suerte
con este moro traidor.
 
Salimos en camiones
directos al Tesenís
y en extensos barracones
nos quedamos a dormir.
 
Al día siguiente temprano
aunque era mucho el calor
continuamos la marcha
para ir a Bat el Sol.
 
Al pasar por Megaret
se quedó un destacamento
de veintinueve soldados
un oficial y un sargento.
 
En Rolba hicimos noche
por ser la marcha más larga
para llegar a Bat el Sol
que ya poco nos faltaba.
 
Continuamos la marcha
para llegar a Bat el Sol
y pronto vino la orden
de destacar el batallón.
 
La primera compañía
para Rolba le tocó,
tercera y ametralladoras
siguieron en Bat el Sol.
 
La segunda compañía
para el Tesenís marchaba
y en la Cavila de los Locos
les dieron una emboscada.

 

Y tal acierto tuvimos
recién venidos de España
que hicimos huir a los moros
con numerosas descargas.
 
Pero un día tomando el rancho
al capitán le dijeron
que salía destinado
a primera línea de fuego.
 
Al otro  día salió la fuerza
para ocupar los destacamentos
de Ru Dic y Tasa Belda
y de Ros y Carciacero.
 
A pesar de ser muy triste
el estar en línea avanzada
nos pasábamos el tiempo
tanto o mejor que en la plaza.                                
                                        
El día cinco de septiembre
nos declararon la guerra
que estando de protección
mataron a un centinela.
 
Quién le iba a decir
a aquel pobre desgraciado
que a los dos días de llegar
iba a ser asesinado.
 
Cuando al teniente coronel
le dieron la novedad
juró en nombre de Dios
que se tenía que vengar.
 
El día seis por la mañana
salimos de protección
sin pensar que el enemigo
nos acechaba a traición.
 
Por el flanco de la izquierda
avanzaban dos guerrillas
a colocarse en la loma
donde fueron agredidas.
 
Se desbordó el enemigo
haciéndonos mucho fuego
y sin temerle a las balas
luchamos cuerpo a cuerpo.

 

Así que los moros vieron
relucir las bayonetas,
hubo moro que huyendo
perdió hasta las chancletas.
 
Al recoger los cadáveres
para echarlos en las camillas
hicimos un juramento
de vengarnos otro día.
 
Un cabo que estuvo a punto
de morir por un gumiazo
al dar un salto para atras
le dieron nueve balazos.
 
Qué santo lo libraría
de aquel preciso momento
que ninguna bala llegó
a rozarle en el pellejo.
 
Tres duros que en el bolsillo
de la guerrera guardaba
evitando que un pacazo
el pecho le atravesara.
 
Tan mal se puso la cosa
desde aquel día en adelante
que todos los días había fuego
y muchas veces de noche.
 
Pero había tanta costumbre
en sentir crujir los pacos
que los tiros de fusil             
nos parecían cañonazos.
 
Haciéndole muchas bajas
diarias al enemigo
en vez de disminuir
cada día iba más crecido.
 
Para reunirse de noche
hacían varias candelas
y ya sabíamos que al otro día
atacaban con más fuerza.
 
Aunque estábamos muy pocos
para prestar el servicio
de la aguada y protección,
no nos dimos por vencidos.
 
Pero un día como de costumbre
salimos a hacer la aguada
y el enemigo se opuso
a que ninguno bajara.
 
Después de estar todo el día
resistiéndonos con ellos
salimos con muchas bajas
y algunos prisioneros.
 
Tanto era el enemigo
que en el arroyo aguardaba
que ya nos era imposible
el poder hacer la aguada.
 
Hasta entonces no sabíamos
lo que era padecer
que preferíamos morir
acosados por la sed.
 
Salíamos como culebras
arrastrados por las matas
y aunque nos hacían fuego
nosotros bebíamos agua.
 
El señor coronel Prat,
que era el jefe del sector,
recibió un telegrama
que bien caro nos salió.  
 
El telegrama decía
en muy poquitas palabras
que toda la línea de fuego
tenía que ser evacuada.
 
Con la fuerza que allí había
y una bandera del tercio
se organizo una columna
dispuesta a entrar en fuego.
 
Era el veintiséis de septiembre
y salíamos muy placenteros
a evacuar a Budín
a Ros y Carcia Cero.
 
Avanzaba la columna
por las cañadas y cerros
sin temerle al enemigo
que se mostraba tan fiero.
 
Cada vez que el coronel
miraba por el anteojo
veía que el enemigo
se hacía más numeroso.
 
Qué descargas tan cerradas
soltaban los batallones
para poder conseguir
retirar las posiciones.
 
Quedando el campo cubierto
de moros pataleando
y los regulares y el tercio
con violencia descargando.
 
El desastre de aquel día
no lo quisiera contar
que morían los soldados
implorando caridad.
 
Se oían multitud de heridos
llamando a su padre y madre
y a voces pedían agua
por la falta de la sangre.
 
A otros se les oía
llamar a su compañero
para que le diera un tiro
antes de ser prisionero.
 
Viendo el coronel
los grupos del enemigo
que aumentaban
le dijo a su ayudante
que ordenara la retirada.
 
Al regresar la columna
sin contar con los heridos
vimos que en retirada
quinientos se habían perdido.
 
El veintinueve de septiembre
siendo un día tan señalado
se propuso el enemigo
a dejarnos ya sitiados.
 
Se aprovechan de esos días
llevados por la creencia
que el español es beato
y en esos días no pelea.
 
Aunque era mucho el peligro
que a todos nos esperaba      
nos hacía estar alegres
el recuerdo de la patria.
 
Todos dormíamos vestidos
y con el correaje puesto
para en caso  de atacar
ponernos al parapeto.
 
Teníamos que prohibirnos
salir fuera de la alambrada
porque en el cerrillo de enfrente
tenían la guardia montada.
 
Y de noche se reunían
aullando como las fieras
y se pasaban los días
metidos en las trincheras.
 
Con un sorbo de té
y una chupada de kifi
se ponen a paquear
y cualquiera los resiste.
 
Cuando estábamos reunidos
en las tiendas de campaña
hablábamos de la situación
que tan mal se presentaba.
 
Unos decían con pena,
“El pan ya se nos ha acabado,
la comida disminuye
y el hambre amenazando”.
 
Otros fingían dormir
para distraer el hambre
y encontraban medicina
pensando en su padre y madre.
 
En nuestro vientre las tripas
se movían por el aire
y sentíamos que las chicas
comían a las grandes.
 
El teniente coronel
viendo el cuento mal parado
se puso el agua a ración
a oficiales y soldados.
 
De un depósito que había
dentro de la protección
nos daban todos los días
una pequeña ración.
          
Así pasaron los días
para todos los soldados
esperando la noticia
de poder ser licenciados.
 
Nos invadía la tristeza
a todas las compañías
por tener falta de agua,
mucha escasez de comida.
 
De los ribazos del monte
salían moros a porrillos
como si fueran hormigas
que se meten en sus casillas.
 
Y le pedíamos a Dios
la ocasión para matarlos
prefiriendo no comer
pero verlos derribados.
 
Así llego nuestra hora
que la guerra terminara
y regresamos a España
dando cuenta de las bajas.
Escrito por Antonio Morales Muñoz;
 posiblemente entre 1922 y 1924.
Ha sido copiado por su hijo
de una libreta de recuerdos,     
así lo consta y lo firma
José  Manuel Morales Alonso
El Cristo, en Pallejà a 30 /3/07.
Posted by Blogs de l'Aula de Formació d'Adults de Pallejà at 18:58:10 | Permalink | Comments (8)