SOLEDAD SOCIEDAD
No mintáis,
no mintáis buen hombre,
no soltéis vanas palabras,
ni faltéis testimonio.
Que la sociedad es sabia y no se puede engañar. Él solo se ha marginado y ahora culpa a la sociedad del desaguisado.
Escuchas el canto del búho, solitario, tienes envidia, solo como un naufrago, preñada de islas por doquier habitadas por don Nadie, tan solo un canto de un ruiseñor lejano, el ronquido de un ancestro mar, playas solitarias y bucólicas de una sociedad a la que le gusta gritar. ¡Pobre sociedad!
Soledad, nada más que sociedad, vacilamos de sociables, qué mentira más grande, somos pobre animales racionales. Pobres, ¿quién de nosotros engaña? Todos o casi todos. Si en lo más simple lo cagamos. Nuestros pobres viejecitos, esos que nos han hecho y nos han educado, los arrinconamos a todos y a la residencia los llevamos. No nos damos cuenta que por el mismo camino vamos. Y con la misma moneda pagamos.
La vieja encina aunque sola en el campo da cobijo a infinidad de aves y animales, es solidaria y retoza de alegría. ¡Qué pena! Que abre sus ramas como gallina que cobija a sus polluelos. Bendita voluntad que abre los cielos. Solo. ¿Solo y para qué? Si no somos nada. Nuestra soledad es ignorada, comprar nuestra soledad, no cuesta nada.
Acentuar la ventura rodando en un universo inmenso, capaz de asimilar poblaciones superpobladas, aglomeraciones.
Si el silencio de la naturaleza, todo queda escrito, caligrafías y manuscrito con letras de oro. Bazofia y podredumbre, borrones y punto, cuadricomía y fotografía de alto valor, donde la vista y el buen gusto hace de un paisaje y poder retozar.
Roto por el ruido de un sigiloso y a la vez ruido de las hojas al caer, oteando al universo, la brisa tenue agravará la soledad más intensa, encerrado en una inmensa bola, las neuronas acentúan en el sumo grado, lo que no quiere ver.
No quiero encerrarme en mí mismo, y contemplar el espectro.
Pero regalarme un algo más, la luz del astro rey y con eso quedaré contento, al menos por un momento.
Al atardecer cada día cuando vagando aunque me encuentre contento, el azote del viento se adueñe de mí Y susurrando al oído en el más sepulcral silencio, tan solo el balanceo del ciprés como inclinadose y dándome un beso, mi soledad volverá. Venceré un y otro día soy humano y por eso lo exclamo cada día. Soledad, Sociedad ¿Quién lo diría?
HIGINIO SAN MILLÁN JUAN
Que la sociedad es sabia y no se puede engañar. Él solo se ha marginado y ahora culpa a la sociedad del desaguisado.
Escuchas el canto del búho, solitario, tienes envidia, solo como un naufrago, preñada de islas por doquier habitadas por don Nadie, tan solo un canto de un ruiseñor lejano, el ronquido de un ancestro mar, playas solitarias y bucólicas de una sociedad a la que le gusta gritar. ¡Pobre sociedad!
Soledad, nada más que sociedad, vacilamos de sociables, qué mentira más grande, somos pobre animales racionales. Pobres, ¿quién de nosotros engaña? Todos o casi todos. Si en lo más simple lo cagamos. Nuestros pobres viejecitos, esos que nos han hecho y nos han educado, los arrinconamos a todos y a la residencia los llevamos. No nos damos cuenta que por el mismo camino vamos. Y con la misma moneda pagamos.
La vieja encina aunque sola en el campo da cobijo a infinidad de aves y animales, es solidaria y retoza de alegría. ¡Qué pena! Que abre sus ramas como gallina que cobija a sus polluelos. Bendita voluntad que abre los cielos. Solo. ¿Solo y para qué? Si no somos nada. Nuestra soledad es ignorada, comprar nuestra soledad, no cuesta nada.
Acentuar la ventura rodando en un universo inmenso, capaz de asimilar poblaciones superpobladas, aglomeraciones.
Si el silencio de la naturaleza, todo queda escrito, caligrafías y manuscrito con letras de oro. Bazofia y podredumbre, borrones y punto, cuadricomía y fotografía de alto valor, donde la vista y el buen gusto hace de un paisaje y poder retozar.
Roto por el ruido de un sigiloso y a la vez ruido de las hojas al caer, oteando al universo, la brisa tenue agravará la soledad más intensa, encerrado en una inmensa bola, las neuronas acentúan en el sumo grado, lo que no quiere ver.
No quiero encerrarme en mí mismo, y contemplar el espectro.
Pero regalarme un algo más, la luz del astro rey y con eso quedaré contento, al menos por un momento.
Al atardecer cada día cuando vagando aunque me encuentre contento, el azote del viento se adueñe de mí Y susurrando al oído en el más sepulcral silencio, tan solo el balanceo del ciprés como inclinadose y dándome un beso, mi soledad volverá. Venceré un y otro día soy humano y por eso lo exclamo cada día. Soledad, Sociedad ¿Quién lo diría?
HIGINIO SAN MILLÁN JUAN


