Tuesday, May 27, 2008

SOLO TE PIDO AMOR MÍO

 

Es un crucero de placer
el que llevamos vivido
siempre lo fuimos llevando
por los mejores caminos.
 
Solo te pido mi amor
que cuando este naufragando
contemplando las bellezas
las que hay en este barco
que me cojas de la mano
y me lleves a tu barco.
 
Para salir de ese naufragio
porque también voy pecando,
por eso quiero amor mío
que me lleves a tu barco.
 
Peco con el pensamiento
porque yo tengo mi barco
al que quiero y lo respeto
con el que voy navegando.
 
Llevo treinta y siete años
siendo el patrón de tu barco
no tiremos por la borda
el amor de tantos años.
 
Nuestro mar es muy grande amor mío
es mas grande que la Tierra
y no se puede comparar
con tu hermosura y belleza.
 
Hemos hecho nuestro barco
mas grande que un trasatlántico
navegando por los mares
lleva treinta y siete años. 
 
En el criamos los hijos
que también van navegando
y enseñado a nuestros nietos
a subir a nuestro barco.
 
Por eso te pido cariño
que me dejes en tu barco
otros treinta y siete años
para poder disfrutarlos.
 
Como si fuera un crucero
de esos de amor y de rango
y poderte dar mil besos
cuando pasen esos años.

12 /  8 /  2003 

POESIA ESCRITA POR ALONSO EL CRISTO

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Friday, April 11, 2008

SANT JORDI, DIA DE LA ROSA

 

Quiero mandarte este obsequio
para el día de la rosa,
aún recordamos el día
que tú ibas tan hermosa.
Parecías un cisne blanco
toda llena de bellezas.

 

Voy a empezar por la iglesia,
por el pasillo central,
Te acompañaba tu padre
caminando hacia el altar.
 
Te entregaba al que era aún tu novio
con un amor paternal
pero le dijo en voz baja:
Que me la sepas cuidar,
es lo único que tenemos
y la queremos de verdad.
 
Cuando te dejó en sus brazos
con lágrimas derramando:
aquí te entrego a este tesoro
que siempre fue nuestro encanto.
 
Qué semblante en esa cara
Qué sonrisa en esos labios,
y que novio más feliz
de su novia disfrutando.
 
A todos les sonreías
con tu dulzura y encanto
hasta las piedras se dormían
cuando ibas caminando.
 
Al llegar al restaurante
el edificio se cernía
parecías un terremoto
de placeres y alegrías.
 
10- 4- 06- para el  23- 4-
Cuando recorrías las mesas
con esa humilde sonrisa,
y qué contento tu esposo
cuando quitaba la liga.
Que repitiendo la hazaña
te quitaba la otra liga.
 
Gritaban, vivan los novios,
en todas las mesas se oía
y en la mesa de los padres
rebosaba la alegría.
 
Por eso quiero deciros
que siga la misma alegría,
también que siga ese amor
que teníais aquel día.
 
Que esos dos aniversarios
se conviertan en ochenta
y que os sigáis queriendo
con la misma convivencia.
 
Esos dos años intensos
van a recompensar a otros,
Cuántos están esperando
que seáis muy dichosos.
 
Que lleguéis a viejecitos
con ese amor y cariño.
Siempre obtengáis el mismo amor
el que siempre os tuvisteis
desde que erais dos niños.
 
Y nos sentimos culpables
por no haberos felicitado
en esos dos aniversarios
y en esos dos años casados.
 
23- 4- 06- Lola y Manolo  
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Thursday, February 14, 2008

MI VIDA SIEMPRE ES QUERERTE

 

Quiero reflejar este día
como siempre se merece
es el día del AMOR
nunca merma, siempre crece.
 
Tú sabes que en este día
siempre hubo mucho amor
pero nunca estuvo oculto
siempre estuvo a tu favor.
 
Ni tampoco te conmuevas
porque te dan mucho amor
que hace tiempo que lo tienes
y siempre ha sido el mejor.
 
Tengo que anunciarte mi pasión
aunque tú la tienes de sobra
te la recuerdo cada día
con mis besos y mi historia.
 
Mi historia es quererte mucho
mis besos siempre los tienes
cada día con mas cariño
y nunca cobran intereses.
 
Y en el día del amor
yo quiero felicitarte
sabes que te quiero mucho
tu nunca pienses en nadie.
 
Siempre recuerda ese día
como se recuerda al aire
ese que vas respirando
en tu casa o en la calle.
 
Cuando yo siento el contacto
de tu amor y tus caricias
me llegan al corazón
siendo pasiones de envidias.
Pallejà / 14 / 2 / 07

 

 

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Tuesday, January 8, 2008

RECUERDO DE MI PADRE DE LA MILI Y LA GUERRA DE MARRUECOS

 



 

El día once de agosto
del corriente veinticuatro
vino un telegrama a Soria
que fuéramos licenciados.
 
Sargentos y suboficiales
se reúnen en el cuartel
para tomar la residencia
de orden del coronel.    
 
El diecisiete por la tarde
vino un parte a mayoría
que organice un batallón
que marchara a morería.
 
Tal desengaño sufrimos
al enterarnos del parte
que había soldado,
y no es cuento, 
que maldecía su suerte.
 
El día dieciocho a las doce
por un toque de corneta
formamos en el batallón
con todo el equipo a cuestas.
 
Preparados para salir
y al punto de atención
el coronel en voz alta
mandó firme al batallón.
 
Y nos decía, “Soldados,
os ofrezco mi talento
confío en que seguiréis
la historia del regimiento”.
 
Los sargentos y oficiales
clamaban al alto cielo,
“Para que Dios nos ayude
en la campaña de Maruecos”.
 
Con el corazón herido
y los nervios agitados
demostrábamos fiereza
como valientes soldados.
 
Desfilando por la calle,
como está prohibido hablar,
nos decíamos unos a otros,
“Valor y tranquilidad,
que Dios irá con nosotros
y la Virgen del Pilar”.
 
Contentos y emocionados
llegamos a la estación
porque íbamos a defender
a nuestra propia nación.
 
Desembarcamos en Cádiz
a la una de la mañana
y enseguida desfilamos
al cuartel de Santa Ana.
 
Allí estuvimos tres días
aguardando embarcación
hasta que vino el A Isleño
que era nuestro vapor.
 
Por fin llegamos al puerto
a embarcar en el A Isleño
y todos alegres cantamos
el himno del regimiento.
 
Todos contentos y ufanos
principiamos a embarcar
sin temer a los peligros
de la fiereza del mar.
 
Al tiempo de salir el barco
se oyeron dos granadinas
que tocaron las cornetas
en señal de despedida.
 
Hombres, mujeres y niños
todos con pena lloraban
y nos decían, “Pobres soldados,
cuando volveréis a España”.
 
El mar estaba sereno
y la marea muy baja
y el A Isleño en altos mares
con violencia navegaba.
 
Y por la falta de costumbre
de navegar en el charco
sin haber bebido vino
íbamos todos borrachos.
 
A las dos de la mañana 
el A Isleño echó el ancla
y se le oyó al capitán,
“Está muy buena la barra”.
 
Asomó un remolcador
seguido de una barcaza
para sacarnos a tierra
que ha de ser la nueva patria.
 
Enseguida que salimos
nos forman y el general
pasó revista a la fuerza
que acabó de desembarcar.
 
Y nos decía, “Soldados,
cada vez que entréis en fuego
oísteis de centinela,
no olvidaréis el juramento
que prestáis a la bandera”.
 
Nos llevaron a la Cruz Roja
y allí tomamos el rancho
y descansamos un poco
antes de marchar al campo.

 

Nos forman y al desfilar
nos echan la bendición                             
para que tengamos suerte
con este moro traidor.
 
Salimos en camiones
directos al Tesenís
y en extensos barracones
nos quedamos a dormir.
 
Al día siguiente temprano
aunque era mucho el calor
continuamos la marcha
para ir a Bat el Sol.
 
Al pasar por Megaret
se quedó un destacamento
de veintinueve soldados
un oficial y un sargento.
 
En Rolba hicimos noche
por ser la marcha más larga
para llegar a Bat el Sol
que ya poco nos faltaba.
 
Continuamos la marcha
para llegar a Bat el Sol
y pronto vino la orden
de destacar el batallón.
 
La primera compañía
para Rolba le tocó,
tercera y ametralladoras
siguieron en Bat el Sol.
 
La segunda compañía
para el Tesenís marchaba
y en la Cavila de los Locos
les dieron una emboscada.

 

Y tal acierto tuvimos
recién venidos de España
que hicimos huir a los moros
con numerosas descargas.
 
Pero un día tomando el rancho
al capitán le dijeron
que salía destinado
a primera línea de fuego.
 
Al otro  día salió la fuerza
para ocupar los destacamentos
de Ru Dic y Tasa Belda
y de Ros y Carciacero.
 
A pesar de ser muy triste
el estar en línea avanzada
nos pasábamos el tiempo
tanto o mejor que en la plaza.                                
                                        
El día cinco de septiembre
nos declararon la guerra
que estando de protección
mataron a un centinela.
 
Quién le iba a decir
a aquel pobre desgraciado
que a los dos días de llegar
iba a ser asesinado.
 
Cuando al teniente coronel
le dieron la novedad
juró en nombre de Dios
que se tenía que vengar.
 
El día seis por la mañana
salimos de protección
sin pensar que el enemigo
nos acechaba a traición.
 
Por el flanco de la izquierda
avanzaban dos guerrillas
a colocarse en la loma
donde fueron agredidas.
 
Se desbordó el enemigo
haciéndonos mucho fuego
y sin temerle a las balas
luchamos cuerpo a cuerpo.

 

Así que los moros vieron
relucir las bayonetas,
hubo moro que huyendo
perdió hasta las chancletas.
 
Al recoger los cadáveres
para echarlos en las camillas
hicimos un juramento
de vengarnos otro día.
 
Un cabo que estuvo a punto
de morir por un gumiazo
al dar un salto para atras
le dieron nueve balazos.
 
Qué santo lo libraría
de aquel preciso momento
que ninguna bala llegó
a rozarle en el pellejo.
 
Tres duros que en el bolsillo
de la guerrera guardaba
evitando que un pacazo
el pecho le atravesara.
 
Tan mal se puso la cosa
desde aquel día en adelante
que todos los días había fuego
y muchas veces de noche.
 
Pero había tanta costumbre
en sentir crujir los pacos
que los tiros de fusil             
nos parecían cañonazos.
 
Haciéndole muchas bajas
diarias al enemigo
en vez de disminuir
cada día iba más crecido.
 
Para reunirse de noche
hacían varias candelas
y ya sabíamos que al otro día
atacaban con más fuerza.
 
Aunque estábamos muy pocos
para prestar el servicio
de la aguada y protección,
no nos dimos por vencidos.
 
Pero un día como de costumbre
salimos a hacer la aguada
y el enemigo se opuso
a que ninguno bajara.
 
Después de estar todo el día
resistiéndonos con ellos
salimos con muchas bajas
y algunos prisioneros.
 
Tanto era el enemigo
que en el arroyo aguardaba
que ya nos era imposible
el poder hacer la aguada.
 
Hasta entonces no sabíamos
lo que era padecer
que preferíamos morir
acosados por la sed.
 
Salíamos como culebras
arrastrados por las matas
y aunque nos hacían fuego
nosotros bebíamos agua.
 
El señor coronel Prat,
que era el jefe del sector,
recibió un telegrama
que bien caro nos salió.  
 
El telegrama decía
en muy poquitas palabras
que toda la línea de fuego
tenía que ser evacuada.
 
Con la fuerza que allí había
y una bandera del tercio
se organizo una columna
dispuesta a entrar en fuego.
 
Era el veintiséis de septiembre
y salíamos muy placenteros
a evacuar a Budín
a Ros y Carcia Cero.
 
Avanzaba la columna
por las cañadas y cerros
sin temerle al enemigo
que se mostraba tan fiero.
 
Cada vez que el coronel
miraba por el anteojo
veía que el enemigo
se hacía más numeroso.
 
Qué descargas tan cerradas
soltaban los batallones
para poder conseguir
retirar las posiciones.
 
Quedando el campo cubierto
de moros pataleando
y los regulares y el tercio
con violencia descargando.
 
El desastre de aquel día
no lo quisiera contar
que morían los soldados
implorando caridad.
 
Se oían multitud de heridos
llamando a su padre y madre
y a voces pedían agua
por la falta de la sangre.
 
A otros se les oía
llamar a su compañero
para que le diera un tiro
antes de ser prisionero.
 
Viendo el coronel
los grupos del enemigo
que aumentaban
le dijo a su ayudante
que ordenara la retirada.
 
Al regresar la columna
sin contar con los heridos
vimos que en retirada
quinientos se habían perdido.
 
El veintinueve de septiembre
siendo un día tan señalado
se propuso el enemigo
a dejarnos ya sitiados.
 
Se aprovechan de esos días
llevados por la creencia
que el español es beato
y en esos días no pelea.
 
Aunque era mucho el peligro
que a todos nos esperaba      
nos hacía estar alegres
el recuerdo de la patria.
 
Todos dormíamos vestidos
y con el correaje puesto
para en caso  de atacar
ponernos al parapeto.
 
Teníamos que prohibirnos
salir fuera de la alambrada
porque en el cerrillo de enfrente
tenían la guardia montada.
 
Y de noche se reunían
aullando como las fieras
y se pasaban los días
metidos en las trincheras.
 
Con un sorbo de té
y una chupada de kifi
se ponen a paquear
y cualquiera los resiste.
 
Cuando estábamos reunidos
en las tiendas de campaña
hablábamos de la situación
que tan mal se presentaba.
 
Unos decían con pena,
“El pan ya se nos ha acabado,
la comida disminuye
y el hambre amenazando”.
 
Otros fingían dormir
para distraer el hambre
y encontraban medicina
pensando en su padre y madre.
 
En nuestro vientre las tripas
se movían por el aire
y sentíamos que las chicas
comían a las grandes.
 
El teniente coronel
viendo el cuento mal parado
se puso el agua a ración
a oficiales y soldados.
 
De un depósito que había
dentro de la protección
nos daban todos los días
una pequeña ración.
          
Así pasaron los días
para todos los soldados
esperando la noticia
de poder ser licenciados.
 
Nos invadía la tristeza
a todas las compañías
por tener falta de agua,
mucha escasez de comida.
 
De los ribazos del monte
salían moros a porrillos
como si fueran hormigas
que se meten en sus casillas.
 
Y le pedíamos a Dios
la ocasión para matarlos
prefiriendo no comer
pero verlos derribados.
 
Así llego nuestra hora
que la guerra terminara
y regresamos a España
dando cuenta de las bajas.
Escrito por Antonio Morales Muñoz;
 posiblemente entre 1922 y 1924.
Ha sido copiado por su hijo
de una libreta de recuerdos,     
así lo consta y lo firma
José  Manuel Morales Alonso
El Cristo, en Pallejà a 30 /3/07.
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Monday, June 4, 2007

UN CUENTO PARA UNA ARAÑA HEMBRA.

 

Érase una vez una araña macho
que quedando atrapada
en su misma tela no podía salir
para poder abrazar a su araña hembra.
En su misma tela estaba cautiva
siempre pensaba en aquel cariño
y a la araña hembra la veía todos los días
con sus grandes ojos siempre tan lindos.
Y pensaba en ella sin poder tenerla,
 siempre enredado en la tela de araña
y de aquella tela ya no escapaba.
¡cómo la quería y como la adoraba!,
pidiendo a la araña hembra que la soltara.
Con esos ojazos que atraviesan la tela
queriendo cortarla y sentirse más bella.
 La tela no se rompe, no puede con ella
y la araña macho cómo la contempla,
siguiendo atrapada en su misma tela.
Araña, tú que te puedes mover, quiero
que me traigas el aire para poder
respirar tu aroma y tu mismo aire
y si me sueltas yo seré más grande.
Rompe esta tela que cubre mi sueño
que vivo enredado sin poder romperlo.
También en la tela se enredan mis sueños
no puedo olvidarlos, tampoco tenerlos
por eso en la tela se mecen mis sueños.
Enredado de olvidos termina mi cuento.
Pallejà 6 /02/2006
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Thursday, May 3, 2007

LA LINDA GATITA PARDA Y EL GATITO NEGRO CON PATITAS BLANCAS

La pobre gatita parda,
la que vive en nuestro pueblo,
que antes corría y jugaba  
desde el río al cementerio.
Aquella gatita parda,
la de la calle del Río,
la que cruzaba la vía
para subir a los pinos.
Aquella gatita linda
se acicala por las tardes
y se da una vueltecita
por los jardines y calles.
Todas las gatitas la siguen
pero al verla tan bonita
se miran unas a otras,
se van muriendo de envidia,
no la pueden criticar
porque rebosa maravillas.
Siempre sale por las tardes,
después de hacer su casita,
porque sus padres trabajan
y ella esta muy solita.
Cuando llegan sus padres
ella se pone bonita.
Aquella gatita parda,
la de la calle Loreto,
de la calle Barcelona
y todas las calles del pueblo,
también visita ese parque
que hay en el ayuntamiento.
Para subir al columpio
y realizar esos sueños
de que la ama un gatito
por quien ella esta sufriendo.
Aquella gatita linda
tiene los ojos azules
y cuando ve a su gatito
se le encienden como luces.
¡Cómo se pone enrojecida
y le crecen las narices!
Se ha enamorado de un gatito,
negrito con patitas blancas,
que se pasea con ella
dando vueltas a la plaza.
Y se encuentra tan contenta,
orgullosa y emocionada,
que acompaña a ese gatito
al parque de la Molinada
y contenta de alegría
porque está muy enamorada.
Y se sientan en un banco
contemplando su castillo,
emocionados se abrazan,
¡Cómo te quiero cariño!
Pasito a pasito lento
caminan hasta la plaza
y el gatito le pregunta
“¿Te sientes enamorada?”
Ella loca de contenta,
casi un poco despeinada,
le contesta muy bajito
que sí estaba enamorada.
¿No me ves que estoy orgullosa
y bastante ilusionada?
Que siempre recorro contigo
todas las calles y plazas
para ver a las amigas
que no salen a las plazas,
que me miran de reojo
como si estuvieran enfadadas.
Tiene la patita coja,
siempre anda renqueando,
y sus amigas se burlan
y ella las colma de agrados,
también se siente contenta
porque  le ayuda su gato.
El de las patitas blancas,
el que le lleva regalos
y le cruza la carretera
siempre con mucho cuidado.
Y la pasea por el parque,
también la lleva al mercado,
y aquí termina este cuento
de la gatita y el gato.
14-3-06
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Thursday, March 15, 2007

22 de abril del 1956

 
Eran los años cuarenta.
Primavera del cuarenta y tres
cuando las flores crecían
un niño ya empezaba a crecer.    
Bajo el cielo de Andalucía,
en la provincia de Granada,
un niño vino a nacer  
el jueves de Semana Santa.
 
Y por ser un jueves santo,
que en toda España celebran,
a su madre le dio un buen día,
no pudo servir la mesa.
 
Era un veintidós de abril
del año cuarenta y tres,
un pequeño Remolinos
acababa de nacer.
 
Aquello de los remolinos
aún los siguió teniendo
en la mitad de su cara
pero también en su cabello.   
 
Como vino a los diez años
se pusieron tan contentos
sus padres y sus hermanos 
lo colmaban con sus besos.
 
Así pasó aquella década,
pero este niño crecía,
como era el más pequeño
de todos tenía caricias.
 
Dicen que era un bebé
de los que llenan la Tierra.
Su cabello de remolinos
adornaban su cabeza.
Pasando el cuarenta y cinco,
que era el año del hambre,
y apenas se daba cuenta,
lo qué pasaban sus padres.
 
Tan mal  estaba la vida
que no había pan ni aceite.
Y aquellos que lo tenían
se sentían como reyes.
 
La madre de este pequeño
que con apuros compró
un litro aceite de oliva,
el mismo que él derramó.
 
Echándolo en un librillo
que contenía salvado,
comida para los bichos
sin poder aprovecharlo.
 
La madre de Remolinos
al ver que era travieso
le perdonó la primera
y le daba algunos besos.
 
Pero al paso de los días
que este niño iba creciendo
ya corría por las calles,
también era mas travieso.
 
Y empezaba a preocupar
a todos los labradores
porque se comía las lechugas
y le estropeaba las coles.
 
Remolinos cuando niño
como era tan travieso
siempre iba haciendo daño
por los campos y los huertos.
 
Los vecinos de la aldea,
siempre que les hacían algo,
siempre le echaban la culpa
y tenía que pagarlo.
 
Unas veces sí sería él
Otras veces sería el diablo.
Siendo el niño de la aldea
y tenía que pagarlo.
 
Y así termina la historia
del Remolinos travieso.
El menor de los hermanos
al que todos daban besos.
 
Fue escrito el uno del ocho
de mil novecientos 
cincuenta y seis
 
El Remolinos/ 1956 
 
    
                         

   

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